At home I’m a tourist, ojalá fuera mi cuarto

at home i'm a tourist

Las paredes de los dormitorios de las tres cuartas partes de los adolescentes de los países que se hacen llamar desarrollados alguna vez estuvieron así. La diferencia es que Selim Varol lo ha llevado a un nuevo estadio. Mientras nuestras madres nos corrían a collejas y nos regañaban porque ya no teníamos edad para seguir con tanto “trasto inservible” en las estanterías, la de este alemán de origen turco lo animó a seguir guardando estas piezas, incluso salvando del contenedor aquellas que sus padres habían desechado. Pudo elegir sellos o piedras, pero se decantó por los juguetes. Muñecos que conforman el imaginario colectivo de una generación que empezó a vivir en los primeros coletazos de la globalización. Poco después se zambulló en el llamado arte urbano y lo sumó a su coleccionismo para acabar poseyendo una colección de más de 15000 piezas de todo color, olor, tipo y condición. Un coleccionismo abigarrador de paredes que provoca las envidias (y las ganas de llevarse algo debajo del brazo) de todos los que se consideran hijos de la publicidad y del fetichismo pop. Hijos de los hijos del postmodernismo y la caja tonta. Peterpanes irremediables.

Un muro de un dormitorio soñado. Selim Varol lo tiene.

Un muro de un dormitorio soñado. Selim Varol lo tiene.

El anime escalofriantemente naif de Takashi Murakami, carteles de obra de la mano de Shepard Fairey de la primera campaña electoral de Barack Obama, muros arrancados con grafitis de Banksy o Futura, intervenciones de ZEVS, fotografías sociales de JR, la visión de Obey de una América descarnada en el materialismo o juguetes desacralizados fruto del trabajo de KAWS. Todos hijos de unos mismos referentes que se han convertido en una suerte de altar pagano de deidades en nuestra sociedad. La muestra At home I’m a tourist, comisariada por Fernando Francés, se nutre de una selección de 1350 pedazos de un afortunado Diógenes con una orientación muy clara. Una micro historia de lo que ha pasado en el mundo de la creatividad desde la década de los 90 hasta ahora, justo la época en la que el acceso al arte se hizo mucho más democrático. El creador y su creación se trasladó a un espacio en el que el público podía estar aún más cerca. Se hizo dueño de calles, muros y vagones. Entró en la vida del profano usando unos códigos conocidos por todos y dándoles un giro para poder usar sus lenguajes en post de una crítica social nueva. Beben del arte urbano de los años 60 y 70, le echan unas gotas de la estética del pop-art de Warhol y Basquiat y acaban usando las herramientas de la iconografía más publicitaria (madre de las masas consumidoras) para que la Mona Lisa nos sonría enseñándonos el culo.

Selim Varol o el peterpan visionario.

Selim Varol o el peterpan visionario.

Selim Varol se siente como en casa llenando sus paredes de fragmentos que podrían pertenecer a la vida de cualquiera. Una superposición de historias que unen paisajes y escenarios y te montan una guía turística para no perderte en una sociedad estimulada por de más.

La apuesta del Centro de Arte Contemporáneo (CAC) de Málaga de traer esta muestra, ya expuesta en Berlín bajo el título Art & Toys, se encuadra dentro de las actividades previstas para celebrar el décimo aniversario del museo malagueño y estará hasta el 16 de junio. Horario de martes a domingo de 10:00 a 20:00 h. Entrada gratuita.

 

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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