Arte en el mercadillo: si te pasa a ti

Campbell's soup. Andy Warhol

Hace ya un tiempo que nos planteábamos en Nokton la posibilidad de que cualquier situación, por irrelevante que parezca, puede ser susceptible de acabar con una obra de arte millonaria bajo el brazo y la cuenta corriente cantando por fandangos. “Pon atención a los detalles más tontos”, te dijimos. Y tú nada, ¿verdad?

Pues se nos han vuelto a adelantar. Sí, ha sido un limpiador de Manhattan cuyo nombre no revelaremos (tampoco lo sabemos). El buen hombre estaba un día de hace seis años vaciando tranquilamente un piso propiedad de un fotógrafo que acababa de fallecer, cuando encontró una caja con unos dibujitos que le hicieron gracia. Total, que pa’ la saca. Como le suele pasar a la gente con suerte, este señor tampoco se percató de la suya y se olvidó de la caja durante años, hasta que recordó que aún la tenía, muerta del asco, y decidió llevársela a un experto en arte. Los dibujitos resultaron ser obras de Roy Lichtenstein y de Andy Warhol, y nuestro amigo acaba de subastarlas por 226.000 dólares.

Y es que esto de forrarse con el arte es andarse listo, sobre todo si estás de mercadillo dominguero. Y a los ejemplos nos remitimos:

Paul Bunyan, el legendario leñador

Paul Bunyan, ¿quién no querría uno?

Si allá por 2011 un muñeco de Paul Bunyan no hubiera llamado la atención de la afortunada visitante de un mercadillo en el Valle de Shenandoah, en Estados Unidos, el pequeño Renoir de 14 centímetros de alto y 23 de ancho que la buena mujer adquirió, junto al mencionado muñeco y una vaca de plástico, por aproximadamente 39 euros al cambio seguiría allí, en el mismo puesto ambulante de un recóndito lugar de Norteamérica.

La ‘chica Renoir’, nombre que ella misma eligió para guardar el anonimato, estuvo paseando el lienzo en una bolsa de plástico hasta que este fue a parar a un lugar de subastas del Estado de Virginia. Finalmente se determinó que la obra era Paysage, Bords de Seine, una pintura realizada en torno a 1879 con un valor de entre 58.000 y 78.000 euros y que había sido robada de un museo de Baltimore sesenta años antes.

Es obvio que esta señora tuvo mucha suerte y que encontrar una obra de arte impresionista, en su caso, fue algo totalmente fortuito, alejado de cualquier intención. Pero a algunas personas, inexplicablemente, no les gustan las vacas de plástico. Aunque nos cueste creerlo, hay gente que aprovecha mercadillos y tiendas de segunda mano para buscar fotografías, artículos artesanales y, muchos, incluso pósters. Sí, aquí todos somos culpables de habernos comprado un póster en un rastro callejero para decorar nuestro piso de estudiantes. En cualquier caso, esto a veces también tiene premio.

Subasta en Christie's

Durante una subasta en Christie’s

Y que se lo pregunten a Zachary Bodish, un paisano de – ahora cambiamos de estado – Ohio, que en 2012, buscando muebles kitsch en una tienda de segunda mano, se llevó a casa un póster de Pablo Picasso por 10,6 euros… ¿Cuántas? ¿Cuántas tiendas de pósters habéis pateado durante vuestra vida sin encontrar un solo Picasso? En fin, sin rencores Zachary. Es más, hasta nos alegramos: por lo visto este comprador con buen ojo había perdido su trabajo como director de un centro de arte hacía dos años. Los expertos dijeron que por la obra, que podría ser el sexto de una serie de 100 carteles que el artista malagueño realizó en el año 1958 para anunciar una exposición de sus cerámicas en Francia, se alcanzarían 6.000 dólares en subasta.

Entonces, calculemos… por lo que te costarían unas siete/ocho cañas de un domingo en La Latina, si el hada mágica del arte se enamora de ti ese día en el mercadillo puedes adquirir una obra que en un futuro podría reportarte miles de euros. ¿De verdad no vas a fijarte mucho más? Quién sabe, por este camino puedes convertirte en un mecenas del tipo matrimonio Rubell. Esta entrañable pareja de Miami lleva 47 años comprando y coleccionando arte, y entre sus adquisiciones cuentan haberse hecho con obras de Cindy Sherman, Richard Prince o Jeff Koons cuando aún eran artistas desconocidos. En concreto, llegaron a comprar una obra de Sherman por 25 dólares. Hoy, claro, está valorada en unos cientos de miles más.

Lo que te pasa por la cabeza en este momento es muy comprensible. Te preguntas: ¿hay casos así conocidos dentro de nuestras fronteras? En esto ya no te podemos ayudar. Mira el lado bueno: puedes ser el primero… Solo una última cosa, si tu madre te insiste para que no tires a la basura esa pintura que decidiste comprar el domingo pasado en el Rastro sin saber muy bien por qué, por favor, hazle caso.

Foto (cc): Dave Nakayama/ Dennis Jarvis/ Thetaxhaven

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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