Art & Breakfast / 3, siempre podemos volver a casa

'Topofilia', de Cristina Soler.

Pieza del artista urbano Invader en el centro de Málaga.

Málaga está siendo invadida. Como si fuera una repetición de lo que ya adelantó por radio H.G. Wells allá por octubre de 1938 pero mucho más real y sin levantar olas de pánico entre la población. Málaga está siendo invadida, como cada verano y cada vez más en otras épocas del año, por extranjeros con camisas coloridas y cuerpos enrojecidos por el sol; por despedidas de solteros y solteras con diferentes atuendos y disfraces; y por las teselas cómicas de la obra del artista urbano Invader que ha levantado quejas hasta del obispo de la ciudad. Con las cosas así de soliviantadas, mejor ponerse a cubierto para protegerse.

En medio de tal confusión, encontramos un espacio que nos sirve de remanso de paz, o eso creemos. Un año más, el hotel Room Mate Larios se ve también invadido, pero por el arte. La tercera edición de Art & Breakfast, desarrollada del 9 al 11 de junio, y todo lo que encontramos en las habitaciones han servido de botones de muestra de algunas de las cosas más interesantes que están pasando en las artes visuales, principalmente en esta esquina del sur del país.

Además de nombres fijos que no podían faltar a la cita de cada feria como Apertura Lab, con sus propuestas fotográficas y el proyecto que busca inocular el virus del pequeño coleccionismo de arte a través del ‘fotocontagio’, los gallegos Art Cuestion, siempre con propuestas que combinan artistas consagrados con nombres emergentes, la más que consagrada galería malagueña Javier Román, los italianos de Ufofabrik o Veo arte en todas pArtes, que se presenta en esta edición con el proyecto #PuntoDencuentro, una exposición que habla sobre las relaciones que se establecen en torno al arte, Art & Breakfast siempre nos descubre nombres a los que no debemos perder la pista y sensibilidades, líneas de investigación y conocimiento que marcan trabajos de artistas y tendencias, en convivencia con firmas ya consagrados como Antonio Camba (net.art) o que cada vez tienen más presencia, como José Luis Puche, artista invitado este año.

#NYAP de Antonio R. Montesinos para Casa Sostoa.

Parece que nuestro abordaje previo a Pedro Alarcón, habitante, creador y comisario de Casa Sostoa, era una señal de cierto hilo conductor entre las cuartos de la feria. Cierto aroma a casa, hogar, refugio, se filtraba por los pasillos. Alarcón comisaría su habitación 209 con dos propuestas que transitan por las naturalezas muertas (¿qué hogar de antaño que se precie no tiene una?) con piezas de Eugenio Rivas (Córdoba, 1982), compuestas de lienzos que derraman helado derritiéndose más allá de los límites del propio cuadro, y Antonio R. Montesinos (Ronda, 1979), con un proyecto pluridisciplinar que plantea la tensión entre la estética burda de los tutoriales de YouTube con vídeos caseros y la más cuidada fotografía de aspecto solemne.

Proyectos de artistas emergentes que, de manera no intencional, ofrecen sus visiones sobre la cotidianeidad y lo íntimo.

Sobre los distintos conceptos de hogar reflexionan también en la habitación 202. En Another Room, proyecto ganador de uno de los espacios otorgados por la convocatoria pública del Área de Cultura del Ayuntamiento de Málaga. Desde distintas técnicas: Vanessa Morata investigando sobre el collage y el óleo, Ricardo León revisitando la estética de la cartelería de cine de los 80, Isabel Rosado con una fotografía que juega con el collage y lo cinematográfico y Julio Anaya desubicando esos cuadros que cuelgan de nuestras paredes, réplicas de esas obras de arte que conforman el canon, en la ciudad, reflexionan sobre cómo el hogar, más allá de estar en un sitio concreto, es algo que cada individuo lleva consigo de manera permanente.

Instalación de Ricardo León en Another Room.

Escaleras arriba nos encontramos con las propuestas de las habitaciones 314, Eldevenir, y 315, Topofilia. En la primera, comisariada por María Rosa Jurado, los artistas María Bueno, Rafael Jiménez y Jesús Zurita combinan propuestas de diferentes disciplinas; textil, dibujo en papel o plastilina, creando un entorno que camina sobre la fina línea de los espacios que son, los que creamos y los que recordamos, sin que la memoria nos juegue una mala pasada. Y precisamente sobre esa construcción desde la memoria se reflexiona en la puerta contigua. El proyecto que presenta Cristina Soler trabaja desde lo colaborativo, en este caso su círculo más íntimo apoyada por sus abuelos, primos y hermanos pequeños, en la composición de espacios y la relación con los objetos que cohabitan con nosotros nuestras casas y crean hogar.

Pieza textil de María Bueno para Eldevenir.

Entre sábanas, almohadas y toallas, ropa de hogar desde cualquier punto de vista aunque sean de un hotel, es fácil sentirse en casa, protegidos. Parece que en tiempos de incertidumbres e invasiones, sean de artistas urbanos o guiris con ganas de beber sangría que condicionan la fisonomía e idiosincrasia de las ciudades, siempre surge la necesidad de conectar con ese espacio de confort que seguimos pensando como hogar.

 

 

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