Amor y odio a la Serie B

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La serie B nació en las oscuras salas de cine norteamericanas allá por los años 30. Las grandes distribuidoras de Hollywood, tras la caída de público debida al derrumbe de la bolsa, idearon un plan para atraer más gente a las proyecciones: los programas dobles. De esta manera, las distribuidoras utilizaban su influencia sobre  los teatros para colocar la película “gran producción” (A) y luego otra película, normalmente de menor coste (B). El sistema funcionó y pronto las películas de tramas surrealistas, de ciencia ficción, de terror fantástico, con actores desconocidos y amateurs, directores primerizos y  presupuestos reducidos inundaron el panorama cinematográfico. Películas donde se experimentaba y se abordaban temas que no trataban las grandes producciones comerciales.

La Invasión de los ladrones de cuerpos, escena final.

Las películas no destacaron ni siquiera en la década de los 30-40, momento en el que vivieron su auge clásico. Tras la irrupción de la televisión en los hogares, el sistema del programa doble o triple, con la reducción del precio de las entradas en las sucesivas giras de las películas en los programas (que podían llegar a costar 25 centavos en un cuarto pase)  se vino abajo. No había competencia económica para un bolsillo vacío que podía conformarse con un western de media hora ofrecido gratis por televisión.

Tráiler de La Noche de los muertos vivientes, todo un clásico reverenciado.

Tras su declive vino la parte más interesante: el impacto en la cultura popular. A pesar de ser películas que serían clasificadas como “malas” o “pobres” por críticos, la gente acudía y las veía. Público joven que creció con efectos especiales de mercadillo, historias de marcianos invasores con forma de insecto o burbujas ultracorpóreas, con hombres lobos casposos, zombies paletos, dudosos ninjas, luchadores mexicanos y absurdas situaciones ideadas por gente como Ed Wood. Muchos de estos espectadores, luego fueron productores aficionados  que comenzaron sus carreras en el cine con películas de serie B. No hace falta bucear demasiado para encontrar continuas referencias a este género en los filmes de Quentin Tarantino o Robert Rodríguez. Otros, como Peter Jackson, se encumbraron gracias a sus aportaciones “artísticas”: a Jackson le debemos  Bad Taste (1988) o Braindead: tu madre se ha comido a mi perro (1992), verdaderos estandartes del sector gore de la serie B.

Tráiler de Bad Taste de Peter Jackson. El tipo de la motosierra es el propio director.

Posteriormente se ha creado todo un submundo alrededor de las películas fantásticas, de terror y de serie B, con una verdadera legión de aficionados al género. En la década de los 80 y 90, Hollywood quiso recuperar el espíritu de las  películas de serie B, esta vez dotándolas de presupuestos generosos y poniendo al frente a profesionales de la talla de Steven Spielberg, por ejemplo con Gremlins (1984), una película con todos los ingredientes del género y que resultó un gran éxito en taquillas, dando lugar a Gremlins 2: la nueva generación (1990). Actualmente, es difícil descubrir la frontera entre una película de bajo presupuesto y el desperdicio de una gran productora.

Hoy en día los avances tecnológicos permiten a cualquiera producir cine. ¿Por qué no cine de serie B?: aficionados con una cámara, un ordenador y una idea. A crear.

Foto portada: Póster promocional Night of the Living Dead.

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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