“A los diecisiete te piensas que mañana tendrás todas las respuestas”

Diecisiete. Nuevo Talento Fnac 2011

Son dos, pero se llaman Diecisiete. Susana y Mae, que fueron Nuevo Talento Fnac 2011, estrenan segundo disco, Sube la música, pop-rock electrónico muy crudo, de libre difusión a través de SoundCloud, y financiado a través de crowdfunding. Tienen una fiel legión de fans, que, incluso, les ayudaron a grabar el videoclip de El año pasado, un tema de transición entre sus dos trabajos. Ambos se han tomado un descanso en su ajetreada semana de ensayos, mientras Mae se comía una palmera, para responder 17 preguntas de Nokton Magazine.

Nokton Magazine: ¿Por qué elegisteis el número diecisiete?

Susana: Un día Mae iba a venir a casa y me preguntó dónde vivía, y yo le dije “(calle) Silva 17”. Entonces me llamó y me dijo ‘diecisiete’, pero silbando. El diecisiete se convirtió así en nuestro “si necesitas algo, silba”. Nos parece, además, un número muy adolescente, muy melancólico. Es la edad en la que dejas atrás la infancia.

NM: ¿Es importante la numerología en vuestra vida?

Mae: El número nos evocaba cosas que nos gustaban: a quién no le gustaría volver a tener diecisiete, cuando estás en el límite con la mayoría de edad y estás en una especie de “sí pero no”.

S: Es una especie de melancolía optimista, como cuando echas de menos cosas que todavía no te han pasado.

M: Cuando tienes diecisiete años, quieres ser mayor, y cuando eres mayor, quieres volver a tener diecisiete.

S: Además, te crees que mañana llegarán todas las respuestas, y luego pasan los años y tienes otro tipo de preguntas.

Diecisiete. Nuevo Talento Fnac 2011

NM: ¿A qué suena Sube la música?

M: Musicalmente, es bastante popero, también suena a electrónica, algo que no habíamos visto en el primer disco…

S: También suena a rock, tiene algún tinte épico…

M: Sí, de serie.

S: Hay una canción que, al principio, suena a Juego de tronos (risas)

NM: Por problemas de salud de Susana, compusisteis este trabajo casi sin ensayar. Sustos aparte, ¿os gusta improvisar?

S: No es lo mismo hacer las cosas porque las eliges que porque te las imponen. En este caso, psicológicamente ha sido duro, y la experiencia se ha trasladado al grupo. La improvisación, que se centra principalmente en el disfrute de hacer cosas que no se van a repetir y en lo divertido de ser osado, no ha tenido,  en este caso, ese punto romántico.

N. M: Hay varias canciones en las que solo suena el sintetizador ¿Cómo os habéis sentido poniéndole los cuernos a la guitarra?

S: Cuando tocamos las canciones del primer disco, yo siento cierta infidelidad. Quizá sean pajas mentales, porque el primer disco está tan incorporado que, cuando lo tocamos, nos sentimos en casa. El segundo es más emocionante, pero aún no está en nuestra zona de confort.

NM: ¿Hay algo que hicierais en el primer disco que no hayáis querido repetir en este?

M: Básicamente, no queríamos repetir lo mismo. Por eso, empezamos a jugar con sonidos más electrónicos y un poco más historiados. Se nos hacía pesado pensar en un concierto de un tío y una tía tocando veinte canciones con una guitarra y una batería. Se nos hacía sugerente meter más color y más teclados en este disco. Pero la base es la misma: pop bastante crudo.

NM: Vuestro dogma es Menos es más… ¿no hay nada de lo que os guste abusar?

M: En sí, menos es más deriva en que abusas de algo, porque, al reducir, tiras mucho de esos mínimos.

S: Abusamos de baterías muy minimalistas. A veces me aburro un poco (risas). Pero es verdad que un grupo que no tiene bajo agradece la simplicidad en la batería.

M: No tiene sentido enredar demasiado con tan pocos instrumentos.

NM: Por volver a la numerología ¿cuántas veces llegáis a decir cabrón en el tema del mismo nombre?

M: Un amigo nos dijo “las voy a contar, cabrones”.

S: Y son 47. Hemos convocado a la gente para que venga al concierto con sus jefes y aproveche la ocasión. Vale para jefes, pero también vale para más personas.

NM ¿Cómo se siente uno después de decirlo tanto?

M: Depende de a quién se lo digas. También es un ejercicio de autocrítica.

S: Reconozco que, al principio, me daba mucho palo. Es un “cabrón” asexuado, pero yo lo gritaba como chica, como una representación del mundo femenino cagándose en algo, como desahogo, aunque esa no sea la única interpretación de la canción.

NM ¿A quién más se lo diríais?

S: A mí se me ocurren unos cuantos. Salen todos los días en los periódicos. Si quisiéramos ir a lo superficial, sería muy fácil hacer un vídeo de esta canción. Se la dedicaría a quienes tienen mucha responsabilidad en el actual recorte de derechos sociales, que es algo que me toca muchísimo la moral, así que se la dedicaría a ellos y que se jodan, directamente.

Diecisiete. Nuevo Talento Fnac 2011

NM ¿Por qué decís que os gusta el autoboicot?

S: No lo podemos evitar. Nos sale hacer el gamberro. Lo normal es ir pisando muy fuerte y hablar de lo seguro que vas.

M: Eso de tomarse demasiado en serio a uno mismo a mí me da, en parte, risa. La realidad es que el mundo funciona así, tomándose en serio gilipolleces. La gente se toma en serio al Papa porque él se lo cree.

S: No estoy para nada de acuerdo, ¡tiene detrás un aparato de promoción de dos mil y pico años!

M: Nos falta reírnos un poco más de nosotros mismos.

S: El autoboicot es un mecanismo de defensa contra el propio miedo al fracaso. Te puede pasar en un grupo de música, pero también en una relación de pareja, cuando estás muy pillado y empiezas a meter la pata por tu propio miedo. El miedo provoca lo temido. Es una forma de no tener que enfrentarte al gran examen.

NM: ¿Qué impone más: tener un solo productor o muchos mecenas?

M: La sensación de mucha gente siempre impone más. Cuando solo tienes un productor, el trato es más directo.

S: Nos preocupa cuidar bien a los mecenas, intentar tratarles bien y sentir que hemos cumplido sus expectativas. Por eso, cuando nos escriben diciendo que les ha gustado el disco, me alegra muchísimo. Cuando hicimos el primer disco, nos lo grabó Josh Tampico gratis (al que damos las gracias desde aquí). Entonces él nos lo hizo todo y nosotros solo hicimos el trabajo de grupos, pero la idea de un proyecto común es muy bonita y muy romántica, como cuando hicimos el vídeo de El año pasado en colaboración con nuestros fans (que realizó Luis Renart).

NM: ¿Qué disco os habría gustado financiar a través de crowdfunding?

S: Pienso más en amigos que en grandes grupos. Tenemos mucha suerte porque escuchamos muchos grupos de amigos y de gente con la que hemos coincidido en escenarios. Es un privilegio escucharles porque no puedes entender por qué no llegan a más gente. A mí me flipa Fajardo.

M: Fajardo es un grupazo. La gente que más ha apostado por nuestro proyecto son amigos o conocidos. El círculo está más o menos cerrado. Tenemos muchos amigos que hacen musicón y estaríamos encantados de colaborar con ellos.

NM: ¿Vosotros también pensáis, como los que quedan vivos de Pink Floyd, que el futuro de la música es el streaming?

M: El formato físico tiende a desaparecer, pero siempre quedará ese pequeño reducto de románticos que busca algo más, un toque Premium. Algo en plan: “Esto era la música”.

S: En el mundo digital, que es donde nos estamos moviendo, la relación con la música es ya tan directa y tan hedonista, tan ‘me gusta esta canción y no me molesto en darle tres escuchas más a la siguiente que es más complicada’… Creo que quizá, en vez de endiosarse grupos, ahora empiecen a endiosarse canciones .

M: Puede que el rollo single esté volviendo y que ya no funcione ese concepto de álbum de los setenta, que tenías que escuchar desde el principio al final porque, si no, no tenía sentido.

S: Otro miedo que tengo es que solo la gente con recursos pueda vivir del arte.

M: Eso no es nada nuevo. Sí es cierto que en los últimos tiempos parece que se había democratizado un poco más el arte, quizá por la llegada de Internet, que lo acercó a la gente que no podía haber llegado antes.

S: Lo que está claro es que hay que cambiar el modelo, porque el anterior no funciona. Seguro que hay una forma de reconciliar el acceso gratuito a la cultura con beneficios que permitan al artista vivir de ello, como es el caso de Filmin.

NM: Contadnos la historia de ese calcetín de rayas que ponéis en el micrófono

M: Es de un chino que hay al lado del Costello Club. Un día teníamos que tocar ahí y el micro me pegaba unos calambrazos tremendos en los labios, así que, cuando terminé la prueba de sonido, entré en un chino en busca de calcetines gordos y compré esos. Estuve una temporada usándolo y es ya un fetiche.

Subís la música cuando lo que suena es…

M: Rock. Me gusta subir la música, siempre.

S: Yo la subo cuando la quiero escuchar y me puedo dedicar a ella, cuando está de ambiente…

M: Yo no puedo tener música ambiente. O estás a una cosa o estás a otra.

S: A mí me gusta tener música todo el rato, me llena.

La bajáis si tenéis que escuchar…

S: Cuando te pones a hablar con alguien. Si me atrapa la música, a mí se me va la pinza. Tengo un volumen límite que me permite hacer vida social.

Fotos: Salomé Sagüillo, -andor- (cc)

 

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